Philip O’Succion, profesor emérito de la
Universidad de Yalevale, comenta en el capítulo 25 de su tesis doctoral
titulada The influence of kitsch
in contemporary sport[1] que “difícilmente se podrá encontrar en los
anales del deporte un equipo más cursi que aquél equipo de voleibol femenino
del A.D. Recuerdo que ganó la fase regional de la liga infantil del año 1967”.
Junto con el equipo de investigadores de la facultad de Parapsicología de dicha
universidad realizó un estudio de las cacofonías que habían quedado impregnadas
en el ambiente del antiguo, añorado y ya derribado frontón. El resultado de
dicho estudio se pudo ver en un reportaje del programa 4º Milenio del pasado
noviembre, coincidiendo con la festividad de todos los santos. En las
grabaciones que aportó el profesor O’Succion pueden reconocerse las siguientes
frases con las que el mencionado equipo solía animarse tras ganar –o perder- un
punto:
“Zipi,
Zape, Recuerdo al ataque”; “Cohete, cañón, Recuerdo campeón”; “Somos del
Recuerdo, somos los mejores y, aunque no ganamos, somos superiores”… y otras
parecidas que, por falta de espacio y por respeto a la sensibilidad de los
lectores, no nos ha parecido oportuno reproducir.
La jugadora que lideró a esta
promoción de gran calidad deportiva y pésima literaria fue la capitana Lola
Mento. El año que dejó el equipo de voleibol del colegio para dedicarse a
organizar su puesta de largo, sus compañeras le hicieron un regalo inolvidable
a la par que original: le regalaron una camiseta con los colores del equipo
dedicada por todas sus compañeras. Dicha camiseta es mencionada también por el
profesor O’Succion en su tesis como ejemplo de una aglomeración de cursiladas de
proporciones similares a una manifestación de Barbies indignadas a la puerta
del hotel de Justin Bieber:
“Nadie
es perfecto, Lola eres la excepción”/ “Siempre estarás en mi disco duro, aunque
cambie de Ipad3”/ “Dos claveles
en el agua no se pueden marchitar, las amigas que se quieren no se pueden
olvidar”/ ”Siempre unidas, como el esmalte a la uña”… Y, por supuesto, la que
no falta nunca en este tipo de recopilaciones de joyas literarias: “Lola, no
cambies nunca”
Alguna vez también me han
escrito esta frase en alguna postal de final de temporada, y siempre me ha
hecho sonreír porque hubiera preferido que me dijeran qué era exactamente lo
que no tenía que cambiar y qué lo que sí; al estilo de: no cambies tu
exigencia, me ayuda a mejorar; o ¿por
qué no cambias los chistes que haces en los estiramientos, que son los mismos
que les hacías a mi padre?, o ¿por qué no cambias un poco tu carácter (que no
hay quien te aguante)?, o ¿por qué no preparas mejor tus entrenamientos?
Y esa misma frase me hace pensar
en los alumnos de 2º BACH que acaban su paso por el colegio. Y me resisto a
pedirle a la Virgen del Recuerdo, como solicitud para todos ellos, que no
cambien. Me sale más rezar porque les hayamos preparado para aterrizar en un
mundo que cambia rápidamente. Solamente quisiera que no cambiasen la intención
de hacer el bien y de intentar ser cristianos ejemplares, que no es otra cosa
que intentar mirar todas las realidades con la mirada de Jesús y que creo que
es la mejor aportación que pueden hacer a nuestro mundo.
Que Dios os bendiga cambiando
sólo lo accesorio para ser mejores personas.
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